El gigante parásito reptiliano fue visto y registrado por primera vez en el año 1800 por exploradores japoneses.
El nombre “dragón falso” proviene de la semejanza de su cuerpo con las míticas criaturas que predominan en el folklore original.
Recientes hallazgos en los libros antiguos ligados al esoterismo medieval han demostrado que la existencia de esta criatura era conocida ya desde hace siglos, solo que con atribuciones más paranormales.
Según el poco conocido místico D’Nos, esta criatura asimila el rostro de otras especies por carecer de uno propio. Hace eones emergieron desde las profundidades del abismo y masacraron gran parte de la población sudamericana.

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