Lapicera
negra y plumón negro sobre papel.
Un
desierto gigante e interminable donde no existe el sol. Todo está rojo, como un
atardecer que no tiene principio ni final. La única variación en el paisaje de
esa planicie muerta son los gigantes seres estáticos que yacen esparcidos por
todo el desierto. Colosos que parecen haberse quedado petrificados en el tiempo
según nuestro punto de vista. Pero no.
Se mueven tan lentamente que no alcanzamos a percibir su movimiento. A su vez,
somos tan rápidos para ellos que ni siquiera pueden notarnos.

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